Desde inicios de octubre Arcelor no tenía todas sus instalaciones activas en Asturias, una situación que cambió ayer después de que la multinacional pusiera en marcha las baterías de cok de Gijón. Con este arranque, tanto las líneas de cabecera como las acabadoras están en funcionamiento, después de casi cinco meses de obras para realizar mejoras y paradas por la caída de la demanda, aunque aún hará falta tiempo para que las plantas puedan estar a plena capacidad.

El inicio de la carga del primero de los 45 hornos que forman parte de la batería número 1 se produjo ayer, como estaba previsto, a primera hora de la mañana y, al cierre de esta edición, se preveía comenzar con los deshornados. La multinacional espera haber solucionado los problemas que sufrió la instalación en su arranque a mediados de enero, cuando no se generó bien el azufre que se produce durante el proceso y se tupieron las tuberías con el subproducto. La compañía atribuyó este contratiempo a la complejidad de la nueva infraestructura, que cuenta con diversas plantas asociadas y que ha supuesto en su conjunto una inversión de más de 150 millones de euros.

La empresa ha tardado casi un mes en encontrar la solución, además de realizar una limpieza exhaustiva de los conductos, y espera ahora que este problema no vuelva a suceder, aunque vigilará de cerca cualquier contratiempo que se pueda producir.

En cada uno de los hornos se introducen 28,5 toneladas de hulla que llegan a alcanzar los 1.600 grados para convertirse en 23 de cok, que luego será el combustible que se emplee en los hornos altos. El tiempo que dura este proceso de transformación es de entre 16 y 18 horas, aunque en los arranques puede ser mayor.

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Esta es la primera de las baterías que se pone en marcha, tras el apagado en octubre de las de Avilés para su desmantelamiento, mientras que la segunda aún está en obras y no hay fecha prevista para su entrada en funcionamiento. Los últimos plazos hablaban de abril, pero el historial de esta instalación acumula retrasos, así que no sería extraño que se demorara. Además, los hornos necesitan varias semanas para lograr resultados óptimos, así que al menos habrá que esperar hasta mediados de año para que las baterías estén a plena capacidad. Mientras esto sucede, se recurre a cok polaco para paliar la diferencia entre el producido en Gijón y el que requieren los hornos altos, aunque estos, de momento, tampoco trabajan al 100%.

La previsión es que, a medida que pasen los meses, y ante el esperado incremento de la demanda de acero, las instalaciones vayan ganando capacidad, desde la cabecera, con las baterías, los hornos altos y las acerías, a las líneas acabadoras. Todo dependerá de que ese aumento que se espera que se produzca y se materialice en nuevos contratos.

De momento, si las baterías de cok logran un correcto funcionamiento, las plantas asturianas estarán mejor preparadas para afrontar los requisitos del mercado, después de las obras acometidas en el horno alto ‘B’, el sínter ‘A’, que aún está a la espera de la instalación de un filtro de mangas, y en la mitad de la acería de Avilés que no había sido reformada en 2016. Estos últimos trabajos repercuten también en el tren de chapa de Gijón, que ahora podrá laminar piezas de mayor calidad y tamaño, como requiere cada vez más el sector eólico ‘offshore’, en gran crecimiento por la descarbonización.

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Fuente: www.elcomercio.es

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